Esta crisis es una mierda. Así como suena. Una mierda.
La gente está triste y apesadumbrada. Allá donde vas puedes ver personas cabizbajas cuyas miradas exteriorizan los problemas que les consumen. Todas las conversaciones giran en torno a nuevos parados, nuevas empresas incapaces de hacer frente a los pagos, bancos que no conceden préstamos, hipotecas que son ejecutadas… Es raro el día que las cabeceras de los periódicos no abren con la palabra crisis.
De fondo el eco de nuevos casos de corrupción política, de primas millonarias a empresarios que hicieron quebrar su empresa. Todos somos culpables de esta crisis, pero unos más que otros.
Los primeros responsables somos el pueblo llano. Todos queríamos ser burgueses, con nuestro ático en la ciudad y nuestro chalet en la sierra. Y si se podía, un apartamentito en la playa y un todoterreno gigantesco. Gente con sueldos medios y bajos se hipotecaron hasta las cejas para intentar tener una vida de película. Las revistas nos enseñan casas lujosas de gente que hizo fortuna y se dedica a vivir a la sopa boba y los tomamos como referente; como aquello que debemos ser. Nos hipotecamos más de lo que podíamos y ahora lo pagamos.
Los pequeños empresarios comenzaron a incrementar rápidamente su patrimonio. El mundo estaba loco y cualquiera pagaba lo que hiciese falta por la mayor tontería. Creyeron que la gallina de oro viviría eternamente, que no se trataba de un momento de expansión económica que les inyectaría capital, sino que habían dado con el modelo de negocio perfecto e iban a ser ricos para siempre. Se equivocaron. Deberían haber tenido cabeza y crecido lentamente, aprovechando la entrada de liquidez para ser más solventes. En lugar de eso crecieron sin medida; descapitalizaron sus empresas para pagarse lujosos coches y viviendas de cine. Se equivocaron y ahora lo están pagando.
De los grandes empresarios me río. Hace tiempo que las grandes empresas funcionan como gallinas sin cabeza. Los propietarios no son los directivos y eso es un problema. No hay sentimiento de propiedad, de proyecto. Cuando alguien monta su empresa la trata como a un hijo; la cuida y la defiende hasta donde haga falta. Cuando llegas a una empresa de directivo funcionas por primas. Si hay que duplicar la producción se duplica, aunque haya que bajar la calidad del producto y empeorar las condiciones de trabajo de los operarios. Tu objetivo es duplicar la producción, no te importa que la baja calidad de hoy pase factura mañana porque ya no estarás. Y la gente… ni siquiera la conoces. Cumples tus objetivos, cobras la prima y a correr. Por su parte las corporaciones que controlan las empresas apenas conocen el sector en el que invierten. Con vender más caro que compraron sobra. Y ahora todos lo están pagando.
Los bancos me parecen la pieza clave de la crisis que nos inunda. No son empresas comunes, nunca lo han sido y nunca lo serán. Son un pilar básico de la economía mundial. Facilitando o dificultando el acceso al dinero permiten que la economía aumente o se estanque. Son los responsables de que ocurra de manera que la sociedad pueda absorberlo y crezca sin problemas. Siempre han sido entidades muy conservadoras que sólo han prestado si han visto que recuperarían su dinero, dejando a un lado operaciones de riesgo. De repente alguien parece hacer negocio con estas operaciones, y ávaros como son quieren comerse un pastel que siempre se ha sabido que estaba podrido. La cagaron y ahora lo están pagando.
Y los principales culpables sin duda son los políticos. Se trata de un colectivo cuya imagen está cada vez más devaluada. Pienso en ellos y pienso en personas sin escrúpulos que quieren enriquecerse a base del dinero de todos. Son conscientes que con un cargo público podrán desviar el dinero del pueblo a sus bolsillos; qué fácil es disparar con pólvora del rey. Ese dinero estaba ahí, nadie lo reclamó y yo me lo quedé; un lema válido para todos ellos. Vieron crecer la economía de manera desproporcionada pero las arcas públicas rebosaban dinero. Podían hacer sus colosales obras para la posteridad y sus innumerables chanchullos para la actualidad. Temerosos de enfrentarse al poder de la economía no fueron capaces de enfrentarse a un sistema que estaba loco. ¿Quíen va a llamar la atención de los todopoderosos bancos por realizar operaciones fraudulentas y arriesgadas a todas luces? Ellos no. No pudieron, supieron ni quisieron hacer lo que tocaba, y ahora lo pagamos todos.